Malena/día 2/ 11 hs.
Malena amanece en el sillón. En el piso, enrollado con unas sábanas, Diego, su padre, duerme con los ojos entreabiertos. Dos cosas suceden de inmediato: no identifica los olores que la asquean, y por algún otivo no quiere dar indicios de su despertar. Quizá ambas sensaciones tengan una relación, lo que ignora es que su padre estuvo ahí mismo hace treinta años. Diego se despertó en ese mismo living y vio al tío Beto pasar en calzoncillos hacia la cocina. Era su tío favorito y tal vez él era su sobrino favorito. Se hizo el dormido. Al volver, Alberto le acomodó las sábanas. Lo rropó y nunca supo que su sobrino se sintió muy feliz con ese gesto. Ella no se puede hacer la dormida, ya no tiene sueño. Pero no quiere que nadie se despierte. El celular de su papá vibra , corta, vuelve a vibrar. Un pàlido resplandor se ve entre las sábanas. Con la soledad de la mañana, Malena percibe todo un poco alterado y el peligro de interrumpir el sueño de los demás le pesa. A veces son minutos, otras, cuartos de hora, el tiempo en el que los demás duermen adquiere una insoportable elasticidad. La persiana ya desvencijada deja entrar unos haces de luz y en su recorrido desde la ventana hasta la pared se adivina que el aire está cargado.
Malena se descuelga y pasa por encima de Diego. En un acto de prestidigitación le saca el celular. Tiene dos opciones, ir hacia las habitaciones o hacia la cocina. Al final del pasillo están el cuarto de Graciela y el baño. Antes está el cuarto de Oscar, pero ese cuarto es una cueva, y dentro de la cueva los ronquidos salen como una advertencia: todos se durmieron ya, bajo la noche eterna. A Malena le parece ver un débil resplandor fucsia al final del pasillo y eso la hace optar por ir a la cocina.
-Sé que el cosmos cuida, a todos por igual -canta muy despacio.
La puerta de la cocina chilla cuando Malena la cierra. También chilla la banqueta cuando la arrastra para acercarla a la mesada. El celular vibra sobre la mesa. Del secaplatos agarra un vaso. Abre la heladera y se sirve una Cindor chocolatada, la bebida favorita de Oscar. Vuelve a arrancar la banqueta hasta la mesa desayunadora, toma un trago y con la M de su nombre desbloquea el teléfono de su padre. Está llamando Ailén, su mamá. Le corta. Abre el Samorost 3 y se pone a jugar. El sol brilla enorme a través de las ventanas.
Yuri x





