Los que llegan. Los que se van. Los que están de vacaciones, los que están de trampa, los viajeros de negocios. Los conocemos a todos y a ninguno en particular. En las terminales las personas son anónimas, apenas son instantes. Nosotros, los techo amarillo, los vemos desfilar día tras día, sin siquiera distinguirlos: las jornadas de verano se parecen tanto entre sí que a veces hasta olvidamos qué día es.
Pero ese 10 de febrero quedará en nuestra memoria. Llovía esa mañana y yo estaba primero en la fila cuando sucedió todo.
-Otra vez lluvia, viejo. Nunca un verano como la gente -se quejaba Alfredo. Nos habíamos bajado del taxi para compartir un cigarrillo. Yo estaba detrás suyo en la fila, él era el tercero. Aprovechamos ese tranquilo impass: la lluvia había amainado y faltaban 10 minutos para que llegara el siguiente colectivo.
-Vino bastante gente igual, ¿No te parece? -le pregunté.
-Sí, pero viste cómo es esto. La gente viene pero no gasta un sope. ¡Todo el día en la playa!
-¡Y qué querés, Alfredo! ¡Con esta malaria!
-Mirá Sergio, si yo tuviera un mango me iría a Brasil, o a algún lugar más lindo. ¡Mirá que vas a venir de vacaciones a Mar del Plata! ¿A qué? A cagarte de frío y hacer cola en todos lados, dejate de hinchar.
El comentario de Alfredo me hizo reir. Es la clase de personas que siempre dice lo que todos piensan pero que en general nadie dice en voz alta.
-Qué sé yo, tenés razón. Los turistas están todos locos.
Terminamos el cigarrillo antes de que empezara a salir la gente. Alfredo se metió rápido en el auto porque habían empezado a caer gotas de nuevo, pero yo me quedé afuera unos minutos más, saboreando el aire húmedo y dejando que la lluvia me salpicara la cara. Hacía frío a pesar de la época y la garúa era helada, pero yo cerré los ojos mientras recordaba los años que pasé viajando: antes de los hijos, y de la enfermedad de la vieja, y de la casa, y de la vuelta a la ciudad natal de la que siempre había querido huir.
-¡Sergio! ¡Despertate de una vez que están saliendo! -me gritó Oscar desde atrás.
Me apuré a subir al coche justo cuando una pareja de veinteañeros con mochilas se subía al auto de Alfredo. A ellos no les importaba la lluvia ni el frío; estaban juntos y no paraban de reír.
Mientras adelantaba el coche al primer lugar de la fila, ella salió de la terminal. Era una mujer imponente, alta y blanca como el hielo, de unos 50 años. Llevaba un tapado de piel y un sombrero: parecía salida de una película de época. No llevaba equipaje, apenas una cartera pequeña colgaba sobre su hombro. Caminaba con una elegancia llamativa, mientras se acercaba al coche. Abrió la puerta con seguridad y se sentó en la parte trasera sin decir nada.
-¿A dónde la llevo? -le pregunté con cierta timidez. Había logrado intimidarme.
Las conversaciones en torno a la construcción de un canon literario que contemple la voz femenina es tan antiguo como recurrente. Sin embargo, nunca está de más recordar que durante siglos y siglos las mujeres fueron silenciadas, apartadas de la vida pública y desdeñadas entre las altas esferas de la cultura. A pesar de ello, muchas decidieron atravesar esos límites que la sociedad impone (límites conocidos tradicionalmente como «techo de cristal») y dedicarse de lleno a sus pasiones. Estos libros clásicos escritos por mujeres dan cuenta de esas batallas ganadas. Y aunque, en tanto clásicos, son muy reconocidos, no está de más recordarlos.
Esta, entonces, es una lista de clásicos escritos por mujeres, sí. Pero es también un recordatorio de que las voces femeninas siempre estuvieron ahí: sólo que no siempre se les prestó atención suficiente. Finalmente, es una invitación: a seguir buscando libros escritos por mujeres, quizá no tan clásicos, pero igual de valiosos.
Lista de clásicos escritos por mujeres cuya literatura hay que conocer
1. Jane Eyre – Charlotte Brontë – 1847
Se trata de una novela que sigue la vida de la joven Jane Eyre. Una historia de amor con toques clásicos, pero con el diferencial puesto en el carácter de su protagonista, una joven fuerte, independiente y orgullosa del siglo XIX.
Charlotte Brontë fue una de las hermanas Brontë, inglesas de destacada familia de la literatura.
Este libro sigue la vida de las hermanas Bennet, jóvenes tradicionales de la Inglaterra del siglo XIX. A medida que las protagonistas van buscando respuestas para comprender cómo funcionan las cosas para ellas, se toparán casi sin quererlo con el verdadero amor.
Jane Austen fue una escritora británica, de la época gregoriana, y es considerada una de las clásicas de la literatura inglesa, sobre todo por el tono de humor que supo imprimirle a sus trabajos. Aunque se desconoce formalmente cómo fue su educación, se sabe que su padre era instructor de varones, en una época en donde solo las familias pudientes podían permitirse enviar a sus hijos a espacios de enseñanza. Entonces, se supone que Jane participó de los aprendizajes que impartía su padre y los trasladó a la literatura.
3. Cumbres Borrascosas – Emily Brontë – 1847
adaptación cinematográfica de Cumbres Borrascosas, año 1939.
Esta novela es intensa y puede resultar «difícil» de leer; en gran medida por lo innovador de la estructura para su época, que fue lo que la llevó a tener poco éxito al principio pero terminar siendo considerada un verdadero clásico de la literatura. Narra la historia de Catherine Earnshaw y su tumultuosa relación con Heathcliff en los páramos de Yorkshire.
Emily Brontë, al igual que Charlotte (ver título 1), se crió en una familia de cultura literaria. Juntas creaban mundos de fantasía que luego tradujeron a relatos. Emily usaba el pseudónimo Ellis Bell para publicar.
Se trata de una obra pionera de la ciencia ficción. Explora las consecuencias morales y éticas sobre el avance científico. Se trata de un investigador que logra dar vida a materia inanimada utilizando la ciencia: así «nace» la criatura.
Se dice que Mary Shelley escribió esta obra maestra en una sola noche, a partir de un desafío literario que compartió con colegas.
5. El cuento de la criada – Margaret Atwood – 1985
Se trata de una distopía feminista. En el mundo creado por su autora, las mujeres con capacidad de gestar son reducidas a meras herramientas de reproducción, en una sociedad absolutamente totalitaria en la que parece no haber escapatoria.
Su reciente adaptación al formato televisivo hizo que volviera a ponerse en agenda, incluso varias décadas después de su publicación.
Margaret Atwood es una escritora canadiense con una profusa obra artística.
6. La casa de los espíritus – Isabel Allende – 1982
Se trata de una novela que sigue el linaje de una familia en Trueba, Chile. Va siguiendo la pista del avance de varias generaciones, explorando junto a ellos temas universales como el amor, el poder y el destino.
Isabel Allende es una escritora chilena de 81 años de edad, miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras.
7. Los diarios de Ana Frank – Ana Frank – 1947
Se trata de un libro que narra la cotidianidad de una adolescente judía viviendo el holocausto, mientras se esconde del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Al tratarse de hechos reales contados en primera persona y sin tener necesariamente la intención de ser publicados (después de todo, se trata de los diarios íntimos de una joven intentando sobrellevar un tiempo de crisis), ofrecen un relato profundamente conmovedor.
Ana Frank se ha convertido en un símbolo de lo que significa vivir en un Estado persecutor y sus terribles consecuencias.
8. Cornelia frente al espejo – Silvina Ocampo – 1988
En esta caso, se trata de un libro de cuentos fantásticos, que recorren distintos géneros y formatos. Se trata de una obra muy importante para su época, ya que los cuentos de Silvina Ocampo formaron parte de la vanguardia literaria en géneros como la fantasía y la ciencia ficción en latinoamérica.
Silvina Ocampo fue una escritora argentina, de buena familia, que formó parte de una generación de artistas de avanzada.
9. El segundo sexo – Simone de Beauvoir – 1949
Se trata de un libro fundamental para la historia feminista, ya que es un largo tratado acerca del rol de la mujer en la sociedad, y sobre cómo se fueron conformando a lo largo de los siglos las enormes disparidades de género que en cierta medida perduran hasta nuestros días; pero que se han ido resquebrajando gracias a activistas como Simone.
Simone de Beauvoir fue una escritora francesa, pareja del también escritor Jean-Paul Sartre; vivió y escribió en una época convulsionada del siglo XX, en la cual las conversaciones filosóficas acerca de la conformación social fueron trascendentales.
Si conoces clásicos escritos por mujeres que no estén en la lista, ¡No dejes de mencionarlo en los comentarios!